Me chirría un poco cuando la gente que hace aéreos dice que ‘vuela’.
No vuelas. Estás colgada de un aparato.
Aunque entiendo la parte de romantizar esto de volar, creo que es un poco menospreciar nuestro cuerpo.

El cuerpo humano es algo absolutamente increíble. Tiene tantas posibilidades de movimiento que no tendríamos suficiente con una sola vida para explorarlas todas.
Volar no es una de ellas.

NO SOMOS PÁJAROS.

Somos humanas.
Y no sacarle partido a todo eso es una muy mala elección.

Cuando era pequeña, mi abuelo estaba siempre subiéndose a los árboles y haciendo dominadas en las ramas.
Puedes estar pensando que esto te da absolutamente igual y que no sabes por qué te lo cuento, pero ahora lo vas a entender.

Un cuerpo sano, móvil y disponible es el mejor vehículo para disfrutar los 100 años que vas a vivir.
Porque sí, a día de hoy la esperanza de vida es altísima y lo de que vivas 100 años no es una coña.

No puedes elegir cuánto tiempo vivir, pero sí puedes elegir cómo vivir.
Mi abuelo eligió ser la hostia hasta los 100.
Tomó la decisión más lógica y la que hoy parece más difícil: moverse todos los días.

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